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Ni falso ni plastico
Ayer soñé con Damián, fue extraño pero real. Era algo así:

Iba yo caminando por un parque lleno de pasto, flores, y árboles, perfecto, pero aún así con ambiente de angustia, sola, hacia ningún lado y también, enormemente feliz. El día radiante que me había tocado de repente se tornó gris y triste, y las gotas comenzaron a caer con una fuerza y abundancia inesperada. 


Saltaba entre charcos deslumbrando mi alegría y cerraba mis ojos al levantar mi cabeza disfrutando la lluvia, mientras otra gente a lo lejos corría en busca de abrigo y refugio. Curiosa los observé por un buen rato. Cerré los ojos contenta otra vez, pero al abrirlos noté un árbol grande y frondoso que no mecía ni una sola hoja con la brisa y el viento, así que corrí hacia este, pero se alejaba de mí. Mientras más yo corría, más lejos éste se hacía, y entonces sin razón alguna me inqué en el suelo, me tape la cara y rompí a llorar. 

Dejé de sentir la lluvia en mi cabeza, y al levantarme ví al frondoso árbol cubriendome de la lluvia, ahora ambos ubicados a la orilla de un acantilado. El viento era fuerte y helado, aún recuerdo que pude sentirlo. Oí en lo alto cortarse una rama, y fué cuando ví a Damián; estaba por tirarse de ese acantilado. Lo llamé tres veces, y al verme se humedecieron sus ojos al ritmo de los míos, le pregunté que ocurría, por qué haría tal estupidez y me dijo que su vida ya no tenía sentido, que prefería las tinieblas antes de optar por lo que le estaba tocando, le grité que bajara e hizo caso omiso, entonces intenté subir pero resbalé y caí con normal torpeza. Se asustó con esto y bajó inmediatamente a socorrerme; le dije que no había sido nada, que me encontraba bien. Le rogué que no volviera a subir. 

Miré a mi alrededor y nuevamente estaba en el parque asoleado y sin precipicios, sentada bajo un árbol, rodeada de flores, pero con él, con Damián. Nos miramos fijamente por al menos una hora, y derepente solo me abrazó. Le dije que mi vida estaba siendo difícil y que ambos lo superaríamos, pero debíamos seguir nuestros caminos por separado.

Me preguntó: ¿Un último beso?. Sonreí. Lentamente acerqué mis labios con los suyos y nos besamos como nunca; lenta, fugaz y poderosamente. Fué largo, pero aún así el más corto. Más que eso no habría sido necesario. Se levantó de mirada fría y caminó sin rumbo. Lo observé hasta que desapareció en el horizonte. Suspiré y me acosté en unas flores, y en ese momento desperté. Una lágrima recorrió mi cara.


Estaba sola en casa y oí a alguien tocar la puerta, pero al acudir al lugar ya no había nadie, solo una carta en el suelo con un pequeño corazón rojo. La abrí y solo decía: "Gracias por salvarme la vida, hasta siempre".



Dedicado al futuro :)
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